03.15.09
Recuperar la visibilidad
En el domental de 2006 “Irak. Historias de mujeres”, de Zeena Ahmed y Amal Fadhel (producid0 por Channel4), seguimos a una mujer que voluntariamente se ofrece para entregar ayuda humanitaria a las mujeres afectadas por la crudeza de la guerra de Irak. Bombardeos, controles estadounidenses su viaje no es fácil, y cuando llega al pueblo de Qaem, todo está ya destrozado, fulminado por los norteamericanos. Allí, en la zona menos afectada, una ginecóloga decide seguir ejerciendo su profesión a pesar del peligro. El hospital en el que trabajaba fue bombardeado, por lo que las operaciones se llevan a cabo en condiciones lamentables, con equipamiento escaso y obsoleto. Es la única mujer que trabaja allí. Día a día se enfrenta a las desgracias de sus pacientes, y parece que sufre en sus propias carnes el dolor de la familia de un hombre que muere conduciendo una ambulancia.

Mujeres iraquíes, víctimas de una barbarie. Fuente: www.elperiodicodemexico.com
Otro pueblo, Basora, cerca de Bagdad, también sufre los bombardeos, y con ello, la destrucción de las infraestructuras que aportan las condiciones mínima de vidas a las personas, y con ello también, la destrucción de la prosperidad que algún día pudiera emerger tímidamente. Allí todos son víctimas, pero más víctimas aún son las mujeres, que debido a la falta de seguridad, han dejado de trabajar y su vida es de todo menos lo que ellas quisieran que fuese. Y es que se han implantado multitud de grupos radicales, que amplían alarmantemente su influencia sobre la policía y las universidades. Las mujeres tratan de no captar su atención, mantenerse en las sombras. Las que estudian deporte ya no pueden practicarlo, porque esto sería una ofensa para los radicales. El Corán no permite que lleven chándal, y allí están ellos para asegurar que la ley divina se cumpla. Pero como la esperanza y la resistencia es lo último que pervive en todas partes, un hombre sigue entrenando a un grupo de mujeres atletas, entre ellas sus hijas. Reciben amenazas cada día, pero el miedo ya es algo cotidiano y familiar. El sonido de las bombas apenas hace que este hombre se inmute.
En Irak, antes de la guerra, las mujeres tenían oportunidades, podían participar públicamente en todas las manifestaciones de la vida. De hecho, estaban entre las más liberadas del Oriente Medio. Pero ahora ya no es así. Cuando comenzaban a construir una situación de libertad, los grupos extremistas ahogan todas las esperanzas. Son analfabetas y no tienen motivaciones ni aspiraciones. Las amenazas las hacen temerosas. Los medios de comunicación las hacen invisibles. Pero también guardan silencio los líderes políticos, religiosos, Iraq, todo el mundo. Y la situación de desprotección las hace a su vez más vulnerables, y se da lugar a un círculo vicioso que las aleja cada vez más de la reconquista de sus derechos.
Sin embargo, iniciativas como este documental, y también otras difundidas a través de Internet manifiestan la situación. Women for Women International ayuda a las mujeres de la guerra proveyéndoles de herramientas y recursos para superar la crisis y la pobreza y lograr una situación de auto-suficiencia. Se puede hacer una donación a través de su página web.
El informe Stronger Women Stronger Nations aporta una visión del conflicto y analiza lo que significa hoy la vida diaria en Iraq, especialmente para las mujeres. En él, son ellas mismas las que aportan su testimonio en cuestionarios cuyos resultados resultan tristes y desesperanzadores. El 99’6% afirma que no se encuentra protegida por la policía; por no nombrar otras cuestiones como la
prostitución, la violencia física o el tráfico de mujeres. Tienen miedo al ir a trabajar, incluso en su casa con sus maridos, tienen miedo de opinar y ayudarse las unas a las otras porque saben cuáles pueden ser las consecuencias.
Uno de los casos más estremecedores es el de las mujeres que reciben amenazas de muerte por el simple hecho de trabajar, incluso trabajadoras del gobierno. Zainub (no es su nombre real) trabaja para un ministro en Baghdad. Una mañana llegó a su trabajo y encontró una carta que había sido enviada a todas las mujeres. “Cuando abrí la nota, decía ‘Morirás, morirás’ ”.
En efecto, la total desprotección de estas mujeres hace que la violación y el asesinato se convierta en algo escandalosamente común. Según The Guardian, en el norte, los asesinatos de mujeres se han vuelto más visibles, con la red de al-Jazeera informando de ataques a mujeres en la ciudad de Mosul, se ha llevado a un aumento sin precedentes en el número de cuerpos de mujeres encontrados. Entre ellos estaba Zuheira, una joven ama de casa encontrada muerta de un disparo en el suburbio de Gogaly. Salim Zaho, un vecino, citado por la cadena de televisión, dijo: “No pudieron matar a su marido, un oficial de policía, y por eso vinieron a por su mujer en su lugar”.
En 2004 el entonces presidente Bush dijo que “el avance de la libertad en Oriente Medio había dado nuevos derechos y nuevas esperanzas a las mujeres… el uso sistemático de la violación por el antiguo régimen de Saddam para deshonrar familias ha acabado.” Sin embargo, la realidad parece ser muy diferente incluso cinco años después. Estas mujeres son violadas y asesinadas cada día arbitrariamente, y los derechos humanos se violan de todas las maneras posibles.

Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos para encontrar mujeres invisibles. En nuestro país, las personas que reúnen las condiciones de “mujer”, “inmigrante” e “indocumentada”, se encuentran en una total situación de renegación y desfavorecimiento ante la ley, que las lleva a la exclusión social. Amnistía Internacional pide una mayor permisibilidad hacia las mujeres que infrinjan la Ley de Extranjería y sean víctimas de la violencia de género. Además, anima a toda la sociedad a que se elimine la discriminación y nadie guarde silencio ante las situaciones de violencia hacia la mujer. En manos de los periodistas y la sociedad en general está desenterrar del olvido a estas mujeres, dar a conocer su difícil situación, ayudarlas a recuperar la visibilidad. Porque si miramos hacia otro lado, también somos cómplices.
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