01.07.09
Los 60 minutos más controvertidos
Como el Watergate, el caso del programa de la CBS 60 minutos sobre Brown and Williamson es uno de esos que recordamos por la labor de investigación llevada a cabo por periodistas norteamericanos, que han destapado increíbles historias y luego han sido retratados en las películas de Hollywood como verdaderos héroes. Aunque hay una gran diferencia entre ambos casos. En el Watergate, tanto Carl Bernstein y Bob Woodward, los reporteros que cubrieron el caso, como los editores del Post, trataban por todos los medios de dilucidar la verdad. Por su parte, el caso del 60 minutos se recuerda no tanto por lo escalofriante de la historia que se destapó, como por los esfuerzos de los directivos de la CBS por impedir que la exclusiva se emitiera. (Es un post largo, pero al final os dejo un regalito)

Aun presumiendo el esfuerzo de los guionistas de Hollywood por dramatizar la historia, después de ver The Insider, se pone un nudo en la garganta al ver que destripar la verdad no es el principal objetivo que se siguió en una de las principales televisiones de América y uno de los pocos programas de televisión informativos con más de cuarenta años de vida. Lowell Bergman, productor del programa por aquel entonces prácticamente resume la esencia de la historia de la siguiente manera: “It’s always difficult with any publication or broadcaster to take on a subject or an institution that is as big as you are, or bigger, that has some commercial link, especially, to your organization. It’s always difficult”.
El caso también nos enseña algo sobre la relación entre el periodista y las fuentes. La lealtad a las fuentes fue llevada hasta las últimas consecuencias por Bergman, y este fue el principio que guió todas sus actuaciones. En la película se incide mucho en plasmar la inquebrantable integridad de Bergman y su dilema, como el mismo dice en una entrevista, en algún momento pensó en resignarse, pero finalmente no pudo renunciar a su compromiso y defraudar a su fuente, por lo que siguió con la historia y todo terminó saliendo a la luz. Después de todo, cuando todos han abandonado a Bergman, tanto la dirección de la cadena como su propia redacción, parece que tan sólo le permanece fiel su fuente. “Lo que se ha roto aquí no puede recomponerse” se lamenta cabizbajo Al Pacino, poco después de anunciar su decisión de abandonar 60 minutos. Se refiere seguramente a que después de lo ocurrido sería incapaz de proteger sus fuentes y prometerles que pueden confiar en él y en el programa.
La relación entre Bergman y su fuente, Jeffrey Wigand, fue especial. No se refleja en la película, pero el periodista estuvo “envuelto en un proceso de cerca de un año y medio de tratar de convencerle de que debería contar la historia en pública, frente a una cámara, no ser una fuente confidencial… que la historia debía ser contada y que la historia sería más efectiva sin ninguna anomicidad”. Tampoco que en cierto momento el departamento legal le ordenó no tener más contacto con Wigand para que Brown and Williamson ni siquiera pudieran pensar que le conocían. Todavía hoy dice Bergman que mantiene cierto contacto con Wigand cuando, después de más de media vida en la profesión, ha tratado con muchas personas con las que mantiene la cordialidad, pero no necesariamente contacta con ellos.

Pero seguramente el hecho en el que se centra The Insider es el de la censura, en concreto, la censura previa y la autocensura. Aunque en la película no se indica, el documental no estaba del todo hecho, no se dio que la CBS emitió un documento que causara un perjuicio sobre Brown and Williamson y éste emprendiera medidas legales. El mecanismo fue un poco más oscuro.
Después de que Wigand se decidiera finalmente a dar la noticia, los abogados de la CBS convocan a Bergman para comunicarle lo conflictivo que podría resultar emitir el documento por causas de “ingerencia torticera”, una expresión que Bergman ha declarado después que hasta entonces que no había oído en toda su carrera como periodista. Tanto el Bergman de la película como el de verdad coincidieron en resaltar lo surrealista del concepto: “So is this the new rule: that no one in the newsroom is supposed to gather information when somebody has a confidentiality agreement, particularly with a large corporation?”, dijo en una entrevista el periodista. Poco después, Ellen Kaden, la consejera general, terminó por directamente prohibir la emisión del especial. Por supuesto, Bergman había reconocido las verdaderas razones escondidas tras los subterfugios de la dirección: “When you have an attorney giving you advice, it would be nice to know what their financial relationship is to the advice”. Se estaba llevando a cabo la venta de la CBS, y una demanda millonaria hubiera supuesto un impedimento, sobre todo cuando ciertas personas de la cadena y los informativos se estaban jugando cuantiosas ganancias.
El resultado. El 18 de octubre de 1995, el Wall Street Journal publica la historia de la manipulación química en el tabaco, con un contenido similar al capítulo construido por el Post entorno a la entrevista realizada a Wigand más de un mes antes, el 3 de agosto. Ganarían un Pulitzer por esta historia.

En un capítulo bastante emocionante de la película, Bergman agota todas sus cartas y decide transmitir a un colega del New York Times lo ocurrido dentro de la redacción de la CBS. El periódico otorga al suceso la importancia que se merece y le da, entre otras cosas una portada y una editorial: “The most troubling part of CBS’s decision is that it was made not by news executives but by corporate officers who may have their minds on money rather than public service these days. With a $5.4 billion merger deal with the Westinghouse Electric Corporation about to be approved, a multibillion-dollar lawsuit would hardly have been a welcome development”.
Casi paralelamente, el Post emite la versión censurada del reportaje. La versión íntegra de la entrevista no fue emitida hasta el 4 de febrero de 1996, cuando ya otros medios hubieran expuesto lo controvertido de la historia. El inicio del documental no tiene desperdicio: “CBS management wouldn’t let us broadcast our original story and our interview with Jeffrey Wigand because they were worried about the possibility of a multi-billion dollar lawsuit against us for tortious interference, that is, interfering with Wigand’s confidentiality agreement with Brown & Williamson. But now, things have changed. Last week, the Wall Street Journal got hold of and published a confidential deposition Wigand gave in a Mississippi case, a November deposition that repeated many of the charges he made to us last August. And while a lawsuit is still a possibility, not putting Jeffrey Wigand’s story on “60 Minutes” no longer is”.

Los Wigand y Bergman de verdad y de ficción
La película, dirigida por Michael Mann, explica en más de dos horas y en forma de drama el asunto desde el punto de vista de Bergman. Algunos de los protagonistas reales, como el reportero de larga trayectoria Mike Wallace o el productor Don Hewitt, han mostrado su desacuerdo con la imagen negativa que de ellos desprenden sus caracterizaciones, así como la supuesta inexactitud de la narración de los hechos. Otras opiniones han sugerido que se han excedido en el tono laudatorio hacia Bergman, que se muestra más o menos como un héroe de conducta impoluta.
En la carrera de Bergman están más de 35 años de trabajo en la profesión, y en su haber hitos como la primera entrevista televisada con un líder de Hezbollah y un Pulitzer entre tantos otros honores. En la Universidad de Berkeley, donde enseña periodismo de investigación, apuesta por sus afortunados estudiantes brindándoles, entre otras cosas, la oportunidad de publicar en el New York Times, Los Angeles Times, y el San Francisco Chronicle. Esta vez, es él el entrevistado:
Para saber más |
NYT anunciando la emisión de la noticia
página de Bergman en la Universidad de Berkeley
Fuentes |